Es cierto todo lo bueno que dicen y han dicho sobre Internet. Pasamos de leer revistas y periódicos los domingos a escribir en nuestros propios blogs, de ver
MTV a subir nuestros propios videos en
Youtube y de tener pequeñas y costosas llamadas familiares, a videoconferencias múltiples con cualquier persona del mundo. Esto sólo es posible gracias a la masificación de la Internet, pero ¿cuántas de las cosas insignificantes de la vida nos hemos perdidos por esta maravillosa pero maldita invención post guerra?

Obvié cualquier exposición conceptual o basarme en interminables investigaciónes, para saltar directo a las consecuencias: pasamos de calurosas tardes donde compartíamos con amigos y familiares, ojeando voluminosos álbumes de fotos de algún viaje, graduación o matrimonio, a estériles invitaciones para visitar el respectivo
fotolog en
Flickr.
Las tardes donde los niños hacían rápidamente sus tareas escolares, con los respectivos regaños del padre o la madre, para luego ir a
“echar una caimanera” con los panas, dieron paso a un rápido
corte y pega de varios trabajos encontrados gracias a
Google, para jugar luego
World of Warcraft.